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viernes, 21 de noviembre de 2014

Simón era parado y joven.

Sueña, hijo, sueña. ¿No ves como las aves del cielo vuelan sin empleo, apenas salido el sol? Mira el cielo, a las nubes, al sol y al viento, que no hay cosa más grande que vivir admirando, tan singular y natural universo. 
Padre que soy mayor, siempre tuve al cielo, sol y viento,  sonriéndome y ahora no. No sabes bien lo que sueño, padre cada noche que mal duermo, sueño por una sonrisa apenas salido el astro. Me despierto y leo, brindis al sol que amanece para mí, en largos días sin fin. 
Comprendo hijo, te entiendo, sé que no naciste para  todo el día mirarlo. Naciste para alumbrar cielo de día... y de noche, ser antorcha de amor eterno y vida. Tranquilo que en dos días, esto será pasado y tus tenues sonrisas, con ganas las he de ver.
Era Simón en el pueblo, el hijo del enterrador, el único que en el pueblo había. Listo y espabilado, lo que cualquier padre, más querría. 




Apenas diecisiete años, aquel hijo de pobre, coleccionaba dieses y sobresalientes en universidad y master. El sol seguía alumbrando, aunque el camino de sus rayos ya no eran directos, ni había verano....El otoño de ocres rojizos y verdes amarillentos, se les veía como mal presagio, más pálidos que entonces, más enfermos que vivos. 
Una entrevista y hubo empleo, una corta jornada y a Simón otra vez se le hizo, el sol invierno. Uno, dos, tres mil empleos. Uno, dos, tres mil inviernos. ¡Hasta la nieve, caer cuando lo hacía, perdió su gracia! Uno, dos, tres millones mirando los lunes al sol....A la cola de una oficina, llamada empleo. Calla, hombre, calla que brotes verdes ya se ven, y aún no ha llegado la primavera. 



Así transcurría la historia de los días sin pasado ni futuro, en un presente infinito...devorando horas, vidas sin sentido, amenazando el futuro de todos los simones de un pueblo sin remedio.
Sí. Callo, no me hables de optimismo, ni nombres más los brotes verdes, que no te oímos. Somos dignos, padres e hijos dignos, sin necesidad de discursos, que el poco pan que resta será mejor repartido que lo que vos ofrecéis cada lunes en una eterna cola de fingidas ilusiones. No te voy a medrar. Vive con esa tarjeta que tanto te atrae. Nuestra hambre con el pan que nos queda, es mejor que tu alma negra, encenagada de miseria.
Sé firme hijo, este viento del mal que estos días huracana, ya amaina. Sueña. Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, con sus alas tocaran tu cristal, llamándote para jugar. Abre tus ventanas y una miga de ese poco pan que nos queda, mojada en tu saliva, ponla en tus palmas y déjalas picar. 
Este simón por hijo, son todos mis hijos que como en la copla murieron, esta vez de pena, pálidos por la sombra de un sol, de tantos lunes sin luz. Siendo el padre el único enterrador del pueblo, una tarde de vuelta al cementerio a su propio corazón hubo de enterrar, con paladas de lágrimas en la tierra. 



Este padre roto, estos hijos vida de tu vida, tanta ilusión esparcida en el arroyo del rico y avaricioso, reclama cielo y dios que siembre justicia para que ellos, a las golondrinas un día al menos, vean sus nidos en sus balcones colgar. 
Sueña, hijo, sueña. Que mañana lunes, anuncia el tiempo que habrá sol,  el que calienta y da energía y te devolverá tu franca sonrisa, por más que hayas estado en el archiprielago de Gulag.
Que seáis felices hermanos, hasta la próxima semana.

La nota de humor:

lunes, 17 de noviembre de 2014

Yo soy libre como el mar.

Libertad... ¿Libertad para qué? Dijo un importante personaje del siglo pasado. No lo conocí, ni sé si lo dijo, yo aún no había venido y cuando nací tampoco me hablaron de libertad. Ni entonces, ni nunca. Hay cosas que se aprenden solas  a eso de ser adolescente, luego joven y rebelde como todos. En España por entonces, todo aparentemente quieto, se agitaba como garbanzos en la olla, cuando hierven. Todo me parecía injusto, y todos me decían, calla chaval. Que me dijeran calla, supe que la libertad era,  no me da la gana de callar. ¿Qué digo, en qué ofendo, es que no es verdad todo lo que estoy diciendo? Luego supe que aquel personaje hablaba de llenar el estómago antes, para que llegara tu verdadera libertad, lo entendí y lo sigo entendiendo. No hay libertad con hambre, el que tiene hambre es sumiso por pura necesidad. Esto que entiendo, ahora de mayor no comparto y afirmo que en mi hambre mando yo. Reclamo mi libertad, que no es más que mía, para gritar si puedo; elegir la hora de dar cuenta sobre mí, a buitres y carroñeros, que desde hace rato, sobrevuelan sobre este cuerpo, creyéndose libres siendo solo esclavos de su fuerza. No soy de nadie, solo mío. Libre nací y libre quiero morir. No hay esclavitud, hay sumisión a la fuerza. Podrás recortar mis alas, podrás retenerme entre rejas, pero no habrás doblegado mi voluntad de a tu menor descuido...dotarme de alas y volar.



Aunque aprendí necesidad antes que el padre nuestro, ésta no era extrema, aunque suficiente para saber que tener una peseta, milagro era. Dictadura la hubo por mucho tiempo, sumisos parecíamos, cuando solo ganábamos tiempo. Ahora hay libertad, me siento libre, nadie me dice calla y sin embargo la sensación que me embarga es vivir como un gorrión en su jaula. Miro a mi alrededor, pregunto, hablo, escribo y leo con esa sensación de que algo o alguien frena mis alas o han puesto plomo en mis pies.



Debates hay entre libres en este pueblo, que camina hacia un seguro abismo a vueltas con la necesidad de muchos y la abundancia de pocos. No soy pobre, más me veo otra vez como el gorrión en su jaula. Nadie me tapa la boca, empero se me ha vuelto torpe cuando no digo en el debate, basta, cuando escucho, calla, hombre, calla.... Si hablas la abundancia, se marchará a otra parte; resigna tu voz y medra, mientras haya migas a las puertas de palacio, a la salida de la iglesia, sirviendo a un nuevo señor. Libertad controlada, libertad vigilada. Lo saben todo de mí. Esto es volver a la jaula: Sutil sumisión, antesala de otra travesía en el desierto...para después que algún poderoso escriba ¿Libertad para qué? ...No me repitas más la frase, que en su trampa, millones de almas estercolan estepas silenciosas y espectráles. No me niegues la utopía, pensaré que solo buscas tu progreso, cuando es hora de comenzar la resistencia para salvaguardar las alas que vuelan, remontando estepa y montaña, hasta reencontrarse en un nuevo horizonte de libertad donde palpiten nuevas realidades. 


Esta realidad dibujada en cestos de manzanas que huelen, es un cuadro triste que me presto a llevar, viento al fresco. Comenzar a pintar otro lienzo con frutas nacidas en primavera para que vista, la pared ahora vacía y modesta, sin embargo limpia, perfumada con la fragancia renovada e ilusionante, que desprende la utopía. Ésa que presta ayuda del mejor, al peor hombre, levantándolo de una sumisión forzada por alguna de esas frutas podridas. 
Apuesta en libertad, que has de saber y poner música a esta letra:
Libre
Como el sol cuando amanece,
Yo soy libre como el mar,
Libre
Como el ave que escapó de su prisión
Y puede al fin volar.
Hasta la próxima entrada, que seáis felices hermanos.

La nota de humor:



martes, 11 de noviembre de 2014

Los fantasmas del silencio.

Sorprendido por tu calor escribo, porque estás. Noto desasosiego repentino, mientras lees y yo escribo. No te recuerdo pero intuyo, sin alma tal vez, algún día furtivos los dos, hijos del mismo destino.
Qué destino, si soy hijo de luz, luna y viento. ¿Qué desafuero es esto, que me impulsa este camino, buscando no sé qué, cuando debiera estar dormido? Escribo es cierto, siempre sin testigos. Acompañado de soledad compartida con silencio sin ruido. Mi alma y yo a solas, los dos, como amigos. ¿Cómo sabes qué escribo, cómo lees si te siento, cuando dibujo letras con sentido? No conozco alma, alegría ni pena, que no sea más que un retiro compartido,  oasis en el desierto. 
Soledad, el nombre que yo únicamente conozco, de dónde vienes, dónde estás, por qué reclamas esbozar palabras, sin apenas percibirte, más que un repentino soplo, desasosiego, mientras lees y yo escribo.


No esperaba este destino, pintando canas, jugando con el sueño de lo que no tuve. Ahora te apareces en forma de versos, palabras y más unos, aura de versos, complacido por unas letras que cada noche, cuando debiera estar dormido, escribo. Leo fantasmas divinos, Larrú los narra, pero ni tú ni ellos, sois los suyos. Si acaso, desasosiego. No lo eres, dime quién, para dormir tranquilo, que despierte y vea al alba la luz colarse por mi ventana.
De días, hojas caídas pisadas, viento salpicando la llovizna en cara, colores entre rojizos y verdes ocres, se viene este otoño recién caído. Rojo lo entiendo, verde ocre si no lo viese mientras ando, diría que lo han cambiado, no recuerdo esa tonalidad que me turba, pisándolas con vergüenza, pensando como muere la hoja. Cómo del árbol escapa.
Este otoño que sin avisar me sorprende, aún sin cubrir  mi desnudez, antes de la larga noche, que viene de camino. Faltaban los fantasmas, que no creo seas tú, cuando peinando canas, insistes en hacer triángulos, cuando he sido solo de dos lados, de ella y el mío.


Si fantasma eres, olvídame, no estoy para ti, ni tengo miedo. Muere si vives. Ni sobresaltos, ni engaños, noche, día, luz y luna para qué más sutiles apariencias. Solo es cierto el alba y el ocaso. Mejor escribir con música solemne, acordes breves, arpegios elegantes, soliloquios amables, más que seguir notando, desasosiegos furtivos de un día, que tal vez ya no recuerdo. Breves pensamientos que se van como vienen, porque sigo escribiendo arrastrado por la noche presumo que me lees, para que yo siga escribiendo.


Oh si fueras Universo, inspiración cósmica que todo puedes, compartir entonces quisiera, con cada uno que en cualquier momento leyera, letras venidas de él, siempre eternas, escritas al unísono, ciertas, sentidas de paz y de amor unidas, escritas por la mano del tiempo. Que no es tiempo lo que falta ni sobra, sino ser el tiempo. Compongo palabras que hablan, mudas se sienten y cruzan  como destellos fugaces, sin saber si soy quien las dibuja o las dirige el viento.
Ahora pienso que mis fantasmas o quién inspire mi verbo no es divino, que me sostengo de la vida sintiendo hambre, sed y necesidad de poder ser sin serlo, si me dejas, contigo. Que sobran milagros y dioses, faltan hombres con pensamiento.  Quién  quieras que seas, no eres de orden divino, eres el aura de un pensamiento que cuando escribo yo, escucho, observo, percibo, siento, ni tú ni yo, sino el universo que se avergüenza de haber creado tanto dislate y con esta letra me inspira escribir…. vade retro… Que ni a Pepe, Mayte, Amílcar  o a José nos gusta y el cosmos sin voz nos susurra, otros versos. Tú también eres Pepe, José, Amílcar o Mayte. Siente desasosiego si te gustan colores que no has encontrado aún en tu paleta, invéntalos, el hombre te espera, la esperanza también.


Que seáis felices hermanos, hasta la próxima entrada.

La nota de humor:





martes, 4 de noviembre de 2014

Juegos del hambre.

Aquellas pequeñas cosas con las que jugábamos,  ahora me devoran el recuerdo como gigantes molinos de viento. Alguien las cambió de sitio, o las han tirado. Aquel alambre espino, retorcido con la mano, nos parecieron soldados por un rato, tú los tuyos y yo los de mi bando. Les dábamos el soplo de la vida, les poníamos relato y peleaban asidos entre nuestros dedos los supuestos soldados, en una imaginada batalla, sin muertos ni heridos. Así eran nuestras guerras...de mentirijilla, terminadas entre los dos reídas, con dos ganadores, contentos ambos, sin decir, has hecho fullerías. 
Aquella tabla encontrada, un martillo, cuatro puntillas, un poco de nogalina y agua, listo un barco para echarlo en el arroyo, simulando un barco de carga. Hasta quisiste poner tu pie encima para darte cuenta que se hundía como los de verdad, los que en el cine habiamos visto. Entonces  reía yo, por haber naufragado tú, viendo tus sandalias y tus pies, hundidas en medio del arroyo.


Antes de media tarde, íbamos a tu casa; cogido tu pan y aceite, pasábamos por la mía a coger  el mío. Merendados, limpias nuestras bocas con el dorso de la mano, tocaba, sacar a las ovejas al campo. Al vernos juntos en el corral, remoloneaban inquietas  arremolinandose en círculo de pocas ganas. Sabían que las arrearíamos, ellas siempre tan tranquilas paciendo las hierbas del camino. Vaya, que corrían con una vareta fina, atizando sus patas para que fueran las primeras en llegar, las suyas o las mías. Allí descansaban y comían. Mientras, canto en mano,  nos poníamos a la par para lanzarlo y salir corriendo, a ver quién de nosotros mandó el canto más lejos, cuál de los dos llegaba  primero. Rivalidad entre risas con el perro, que por ser pequeño, siempre nos seguía y perdía el reto. Dumbo se aburría vigilando las ovejas y prefería seguirnos el juego.


No tuvo gracia el día que me tiró el burro, menos al verte cómo tú te desternillabas de risa. Había sido una carrera que yo habría ganado de no haberse espantado Lucero, por algo que imaginó raro entre la hierba. Menudo porrazo, el brazo desollado, yo cabreado con el burro y tú   riéndote. Ese día mi madre estaba para salir corriendo, al llegar para que me curara, reñía a gritos a mi hermana, por no salirle bien el dibujo del encaje de bolillos. Nuestras mofas encima, sumaron la rabieta de mi hermana que tiró los bolillos,  salió huyendo sin saber si por nuestras risas, la histeria de mi madre o los bolillos, que tanto odiaba.
Morgui, mi gata siempre tan lenta. Mi madre dice que ya es muy vieja, tumbada junto al fogón miraba curiosa sin mover una pata, más que relamerse con su lengua un largo bigote de pocos pelos, finos y blancos. Si la querías levantar, un poco de tocino le ponía a su alcance. Se levantaba, me lo quitaba cuando yo quería y vuelta a recostarse ahora para chupar semejante manjar.
La escuela también era un juego. Don Gregorio ya era viejo o nos lo parecía. La pizarra llena de cuentas y varias hojas del libro para copiar en la libreta haciendo un dibujo, había para pasar dos horas, mientras él daba alguna cabezada sobre la mesa. Unos hacíamos las cuentas y copiábamos en la libreta, otros se intercambiaban canicas por cromos, cromos por cromos, mientras otros sacaban de sus bolsillos, el colorín chiquitín para darle migajas de pan mojado en saliva, para sacarlo adelante.


Aquellas pequeñas cosas, aquellos juegos sin cosas, hicieron una vida que ahora se me aparecen como gigantes molinos de viento. Alguien las cambió de sitio. O las han tirado. Entre aquellas pequeñas cosas, me sentía seguro, en aquellos juegos, todo tenía sentido. Hoy me pregunto entre tanta cosa y tan poco juego, qué tiene sentido. Ayer veía molinos de viento, hoy son gigantes que me asustan en un mundo de poca fantasía y mucho palique vacío. 
Si aprendí no fue por copiar el libro ni hacer un dibujo.  Aprendí viendo como el maestro cansado por comer poco, se dormía. Aprendimos por que tenías un amigo...porque algo, cuando no hay nada, es mucho. Porque un alambre, lo doblabas e inventabas lo que tú querías. Aprendimos porque las ovejas cada día tenían que comer, porque el perro no se aburriera y  Morgui reposara si es que era vieja, como mi madre decía.
La vida se hace de pequeñas cosas, mucha ilusión y sin miedo a caerte del burro. La vida es un juego, si quieres jugar conmigo. Antes que anclarme entre la soledad y el miedo, seguro que nos inventaremos un juego.
Hasta la próxima entrada hermanos.  Sed felices.

La nota de humor: 



miércoles, 29 de octubre de 2014

De vivos y muertos


Y el dolor del tránsito se hizo dinero. Nunca sabré si en el duelo de mi hermano, son más lágrimas por su pérdida, por la ruina de incinerarlo o pagando un rodal en campo santo. Vivimos de muchos pensados supuestos. Como todos los que hace mi amigo el Gilo, no es que los viva él, es que casi todo lo supuesto, somete a debate. Pocos lo entienden más que incondicionales "amigos". Un día mi amigo Pepe, dejó de leerlo hasta otro día. Yo lo leo entre líneas y adivino hasta el punto de perdonarle, pedirme un cuestionario para tratarnos un poco más amigos pero sin comillas....Pero no hablaba de vivos sino de muertos. 
Cada año por estas fechas, los caminos a campo santo se pueblan de mujeres y hombres asidos a sus ramos de flores y útiles para limpiar la efímera morada de sus seres más queridos. Cada año, por noviembre; se nos presenta a la muerte como algo cierto, ahora que se tiende a esconder el duelo, de nuestras vidas cotidianas, en sofisticados tanatorios a la par, que por veinticuatros horas convertirnos en protagonistas del que se ha ido, gafas oscuras, trajes negros. Los tiempos cambian, los rituales también, los sentimientos no. ¡La pena es que del dolor, se haga un negocio! 


Aunque los duelos con pan, son menos, parece que son buñuelos y huesos de santo, más propio para tal fin por Santos y Finados. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. 
Nada de lo hasta ahora escrito, tiene más fin que escribir de algo tan sabido, de la vida o muerte, siempre tan llevados y traídos, que parece que nos va la vida en ello. En realidad me estoy preguntando por los vivos que viven y sienten, que ansían y quieren. Qué ansían y quieren o si aman. Me sorprende tanta poesía amorosa, cuando tan escaso de amor andamos. Y es que no se anda, se siente. Ésta quizás sea mi propia respuesta, dime de lo qué hablamos y me contestaré, qué me me falta. 
Cada año por estas fechas recordamos al ser querido. ¿Querido o amado? No oculto que a veces tengo prontos de añoranza, sin encontrar respuesta. Quise pero a mi manera, quiero a mi manera. Cada uno como sabe o quiere, lo peor es que creo que nunca supimos qué es querer amando, vivir amando, morir amando. Controversias de mi mente, condicionada por una vida que más que amar, quiere, más que darse, recibe. Esperando recibir sin darte, un día todo será más que una mera mercancía. Llevarán flores, trajes negros y gafas oscuras. 




Recuerdos de una fábula de un burrito, tan bueno, tan noble, que murió muerto de hambre, cuando todos corrían con cebada para llevarla a su ya, gélida boca. 
Lo peor de todo lo escrito es que cada día que amanece, siento que no amé, solo quise, con quién hablo a solas, con todos los que me amaron y yo solo quise. Ya son más los que se fueron que los que quedan. Simplemente yo en puesto de espera. Si quedara tiempo de arreglar esto…Si yo pudiera. La luna y noche espera larga para hablar entre la vida y ellos. Los míos. El mundo y a todos los que se fueron amando. 
De los muertos no se siente pena, sino de los vivos que tanto son capaces de odiar.

Hasta la próxima entrada hermanos, que seáis felices.

La nota de humor:



sábado, 25 de octubre de 2014

Aura de amor y muerte.

Cuántas cosas nos han robado. Los besos prohibidos, esos libros que no pude, esos deseos reprimidos. Estamos aquí, con un sol que sigue alumbrando, trescientos días al año; una luna que tres semanas sí y una para ella, alumbrando besos que no pudieron ser durante el día.
El tiempo, el amor, el otro que soy tú y yo. Qué simple es todo, qué intenso sin embargo. Doblegados por el olvido, amenazados por lo urdido, sin aliento a veces, otras valientes, sin horizonte más que el otro y tú.
Que la vida se va, lo veo y qué más da, si nos la han ido quitando hoy un poco, mañana más.
Qué cuento, qué digo, si la vida es breve, aunque eternas mis breves palabras, tus eternos besos sé, los tendré  por siempre en mis labios.

No hay edad para la vida ni para la muerte. Edad es el tiempo de amar mientras tus labios me quieran seguir besando, más allá de estancias y tránsitos.
Inmensa levedad lo que atrás se queda. Memoria, recuerdo, olvido. Tan breve como intenso ahora que ya estoy muerto.
Esta luz inmensa que me deslumbra, en ese túnel sin fin por el que deambulo etéreo, ese vivir que no vivo, recorriendo una vía sin paradas, ni estaciones...sin trompetas que anuncien paraísos, sin ruidos más que el silencio de tu silencio, que aún percibo. Solo recuerdo en la nada, rostros imaginados humanos, otros ni eso. 

Salido del túnel, no era vía el camino, ascendía flotando en aire calma o sin aire, no evoco. Veía, mejor no veía, sentía un beso, no me preguntes dónde, que no había cuerpo, ni boca ni labios. Solo sentía un beso.
Silencio, sereno, sin peso ni pesar alguno, en algún lugar, sin sol ni luna ni estrellas, tal vez un led más potente que ellos, mis ojos, sí los había, cerrados en calma traspasaban claridad y no era vida. Tampoco pensaba, solo sentía la calidez de un beso.
Me quedé ahí no sé por cuánto tiempo. Flotaba. No me sentía. No extrañaba, no decía, solo la dulce sensación de un permanente beso.
Escrito en aura de amor, que tampoco invoco al no saber si escribo despierto o en un algún sueño de esta vida que siempre imagino con besos. 
  

Que seáis felices hermanos, hasta la próxima semana.  

La nota de humor:


miércoles, 22 de octubre de 2014

Todo lo que ocurre es por algo


Y pasó, que llegué a mayor, un joven mayor, un niño en un mayor, una vida prensada en pocos años, muchos años en muy poca vida. Todo lo que ocurre es por algo; yo solo sé que he llegado. Por deseado se me urdió con los más frescos mimbres, buscados y trenzados en noches de canícula amorosa, el deseo de un varón. En una cómoda pobreza, aquella casa empedrada y de paredes recias de barro y paja, sería testigo del fruto que por primavera nació. El olor a polvo de talco y las colonias de nenuco, impregnaron para siempre mi olfato de vida recién nacida. Pero no sé cuándo. Al escribir mayor, quería decir viejo, si me lee un nacido, una década después que yo.
Y ahora que llegué a mayor, solo necesito de esta ventana para pintaros lo que no sé explicar, un lugar, palabras con color, sonidos que languidecen, personajes que ya no están. Una época más medieval que moderna, Asomarme a esta ventana significa tal vez, buscar mi identidad que no tuve tiempo de conocer, la muerte o quién sabe si reescribir mi vida.



De escasas mimbres, nació la luz de la cultura en un pueblo rodeado de huertas y olivares. Mucho hubo que trabajar el maestro en la escuela para saber que alsina no era un autobús sino el nombre de la empresa, que "cucha" era escucha o mira y que haiga era haya. Baldío trabajo del maestro, cuando con dolor aún sigo escuchándolas, sesenta años después. La cultura era cosa del cura, el maestro y el médico. El escribano del Ayuntamiento, nos parecía que sabía de letras también. Unos años después comprobaría que solo era apariencia. La literatura era oral, transmitida de abuelos a nietos y otra más popular en forma de cancioneros de sucesos espeluznantes, cantada entre esquina y esquina de la calle. Cultura sí que había, pero no en la que estás pensando. Los animales domésticos vivían como uno más en la casa, los perros o los gatos, sí pero si eran los tuyos. Las haciendas diarias de hombres y mujeres esas sí que eran orfebrería. Los hombres en sus huertas y olivares no eran productivos, como ahora se diría, eran artesanos. Las mujeres eran finas orífices de cuánto aprendían. Códigos que por costumbre y sin palabras, entendías, bastaba escuchar el ritmo con que sonaban las campanas.
Entre la edad media y mitad de siglo pasado, hay menos cambio que desde entonces hasta el día de hoy.
Pude asimilar tanto cambio en tan poco. De esos repentes, este sarpullido de nostalgia que me asalta, recordando quién era y quién soy ahora, si soy más feliz hoy o antes.
¡Ay del amor entonces! Amor claro que sí, pero de qué manera. A poco de ser púber, incluso antes, en mi caso, sentí las mariposas revolotear dentro de mí y por estar con un ángel, viví sin vivir en mí por ella, cariño nacido, una noche de verano, en la "academia" dónde los niños imitábamos a los mayores que al lado, detrás de una valla, cómo se acercaban se tomaban y bailaban. Así, apretadas nuestras manos, fuerte muy fuerte, apretadas muy apretadas, nos dimos el primer beso en nuestras mejillas. Contada esta anécdota, a partir de la pubertad, hombres y mujeres seríamos casaderos y candidatos a la conveniencia de ser el mejor partido. La inocencia si nos quedaba hasta entonces, estaba a merced de la perversión que ya imaginábamos.


Y sin embargo, no todo lo que ha venido después ha sido más bonito, ni todo lo pasado fue peor. Ahora comprenderás mi insistencia en recuerdos que son tan distintos a los tuyos. Cómo no buscar mi identidad, buscando en el pasado para encontrarme con él y enamorarme del futuro. 
En esta ventana  leo, poetizar en el amor y desamor, narrar cosas imaginadas, escribir con palabras aún no registradas en mi interior, las admiro y me embelesan unas; otras me emocionan. No todo, intuyo, que es bueno pero siempre mejor que "lucía en el cielo una estrella que se llamaba Lucía", ripio que emorado yo, ensayaba para escribir algo bonito a mi amada. Esta ventana que te decía, es una galaxia en expansión que me catapulta al futuro, que es el tuyo y el mío, mientras siga viviendo en esta casa de letras, que se hizo porque las cosas ocurren por algo. Y lo que no ocurre también.
Hasta la próxima entrada. Que seáis felices hermanos.

La nota de humor:




 

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