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viernes, 22 de agosto de 2014

¿Qué fue de entonces?



(Con la escasa señal wifi que me llega, quiero estar con vosotros sin haber estado con vuestras queridísimas letras. Os echo de menos.)

¿Qué tiene el pasado que me atrae tanto? ¿Qué sentimiento tiene un pizarrín, que lo prefiero a un teclado, una pizarra a una tablet? ¿Qué tiene el pasado que comparo siempre con el presente, proyectándolo en el futuro? Maldito pasado que me tiene esclavizado en lo más hondo de mi ser, volviendo mi vida sólo en recuerdo. ¿Qué me ha traído la luna de agosto, que en vez de ponerme alegre, sigo meditabundo? Lo tengo todo, todo lo que cualquier humilde humano pueda desear y por desear yo deseo, volver a una niñez imposible, donde no teníamos nada o nada más que ilusión. No os lo puedo contar, os lo estoy escribiendo en silencio, como si fueran aquellos tiempos en que el silencio era nuestra forma de hablar. Las palabras eran también fusiladas, con balas de verdad. Miedo era el pensamiento más sentido y repetido en un niño. La ilusión con lo que más se jugaba. Maldita ilusión, maldito pasado. La ilusión era ganar al otro que era el malo y tú eras el dictador. Pedrada a la frente y uno menos por enemigo de Franco. Todo juego sin piedras como arma, espadas de madera o pistolas simuladas, podía herir las susceptibilidades del poder.


Ni nací en la guerra, ni sabía de qué bando era cuando era solo un niño, pero los juegos y mi educación si están marcados con balas, no siempre de metal, la mayoría de las veces, con alguna necesidad en el estómago y otras en el miedo, por tu obligación de callar. Lo aprendí pronto, callé y no solo callé sino que canté el himno que me pusieran por delante, siempre cara al sol. La vida siempre está llena de cánticos. Pero la vida de un niño, ahora lo veo, no la marca una guerra sino el amor de los suyos. Y entre los míos, hubo mucho amor del bueno. ¡Cómo recuerdo esas noches de historias en aquellos agostos, en las puertas de las casas, contadas por mayores pensando en los niños! Nada de tristezas, era el humor con los que se pensaba en ellos, allí embobados con esas historias, aun pensando nosotros, que nos tomaban el pelo!
No me pasó lo que a mi amigo Gildardo, ese fatídico día en que tuvo que estrenar un traje. Justamente lo contrario -¡Fue el día más grande de mi vida!- Ser como un mayor y vestido como los señoritos, pensaba en que la guerra ya estaba olvidada y todos volvíamos a ser del mismo bando. Todos los que perdemos soñamos en realidad, con ser del bando de los ganadores. 

No estaba yo entre ellos, pero estos niños fueron acogidos en Morelia ( México al finalizar la guerra civil española)

¡Lo que puede hacerse de una vida, según dónde y cuándo nazcas! Debería estar escribiendo todas mis entradas a este blog, de los niños de la guerra y postguerra y no lo hago. Me siento mal, muy mal cuando leo y veo esos horrores a diario, porque quiero seguir viviendo y noto como un nudo en la garganta me impide respirar, si no rompo en llanto. ¡Maldito pasado! ¡Maldita guerra! Benditos los pueblos que no han vivido, ni recordado tan de cerca el sufrimiento.
Sé que no se puede escribir a costa del pasado, que la vida es el presente proyectándose en el futuro. ¡Ay de quien olvide su pasado o la historia, que escribes en tu blog, de amor o de pena, de alegría o pesar! 
En una noche de frio en rostro en agosto, a la madrugada, recuerdo generoso, por una vez hacia mi padre y me siento orgulloso de él. Fuiste un hombre de segunda clase, un perdedor. No sabes lo orgulloso que me siento esta noche, de que tu vida, no fuera la de un estirado y vil vencedor, sabiendo que tú ya habías ganado la batalla más importante de tu vida, menos nacer, hacerte a ti solo. Dónde quieras que estés, va por ti, el beso que pocas veces te di. Tú niñez no tiene nada que ver con la mía, fue infinitamente peor. Tu amor del bueno por mí, hace que nada se quede oculto bajo el sol. Padre, estas palabras de un niño que se hizo a tu sombra, aprendió a leer y a escribir, se hizo hombre y todo lo que ahora estoy diciendo, se queda escrito, para siempre, en el universo. Como no sabías leer, seguro que en estos momentos, alguien te lo estará leyendo. 

Buenas noches hermanos que seáis felices, hasta la próxima entrada.

La nota de humor:
- Papá, papá, ¿ verdad que David mató a Goliat con una honda?
- Así fue, es que esas motos son muy peligrosas, hijo
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