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martes, 11 de noviembre de 2014

Los fantasmas del silencio.

Sorprendido por tu calor escribo, porque estás. Noto desasosiego repentino, mientras lees y yo escribo. No te recuerdo pero intuyo, sin alma tal vez, algún día furtivos los dos, hijos del mismo destino.
Qué destino, si soy hijo de luz, luna y viento. ¿Qué desafuero es esto, que me impulsa este camino, buscando no sé qué, cuando debiera estar dormido? Escribo es cierto, siempre sin testigos. Acompañado de soledad compartida con silencio sin ruido. Mi alma y yo a solas, los dos, como amigos. ¿Cómo sabes qué escribo, cómo lees si te siento, cuando dibujo letras con sentido? No conozco alma, alegría ni pena, que no sea más que un retiro compartido,  oasis en el desierto. 
Soledad, el nombre que yo únicamente conozco, de dónde vienes, dónde estás, por qué reclamas esbozar palabras, sin apenas percibirte, más que un repentino soplo, desasosiego, mientras lees y yo escribo.


No esperaba este destino, pintando canas, jugando con el sueño de lo que no tuve. Ahora te apareces en forma de versos, palabras y más unos, aura de versos, complacido por unas letras que cada noche, cuando debiera estar dormido, escribo. Leo fantasmas divinos, Larrú los narra, pero ni tú ni ellos, sois los suyos. Si acaso, desasosiego. No lo eres, dime quién, para dormir tranquilo, que despierte y vea al alba la luz colarse por mi ventana.
De días, hojas caídas pisadas, viento salpicando la llovizna en cara, colores entre rojizos y verdes ocres, se viene este otoño recién caído. Rojo lo entiendo, verde ocre si no lo viese mientras ando, diría que lo han cambiado, no recuerdo esa tonalidad que me turba, pisándolas con vergüenza, pensando como muere la hoja. Cómo del árbol escapa.
Este otoño que sin avisar me sorprende, aún sin cubrir  mi desnudez, antes de la larga noche, que viene de camino. Faltaban los fantasmas, que no creo seas tú, cuando peinando canas, insistes en hacer triángulos, cuando he sido solo de dos lados, de ella y el mío.


Si fantasma eres, olvídame, no estoy para ti, ni tengo miedo. Muere si vives. Ni sobresaltos, ni engaños, noche, día, luz y luna para qué más sutiles apariencias. Solo es cierto el alba y el ocaso. Mejor escribir con música solemne, acordes breves, arpegios elegantes, soliloquios amables, más que seguir notando, desasosiegos furtivos de un día, que tal vez ya no recuerdo. Breves pensamientos que se van como vienen, porque sigo escribiendo arrastrado por la noche presumo que me lees, para que yo siga escribiendo.


Oh si fueras Universo, inspiración cósmica que todo puedes, compartir entonces quisiera, con cada uno que en cualquier momento leyera, letras venidas de él, siempre eternas, escritas al unísono, ciertas, sentidas de paz y de amor unidas, escritas por la mano del tiempo. Que no es tiempo lo que falta ni sobra, sino ser el tiempo. Compongo palabras que hablan, mudas se sienten y cruzan  como destellos fugaces, sin saber si soy quien las dibuja o las dirige el viento.
Ahora pienso que mis fantasmas o quién inspire mi verbo no es divino, que me sostengo de la vida sintiendo hambre, sed y necesidad de poder ser sin serlo, si me dejas, contigo. Que sobran milagros y dioses, faltan hombres con pensamiento.  Quién  quieras que seas, no eres de orden divino, eres el aura de un pensamiento que cuando escribo yo, escucho, observo, percibo, siento, ni tú ni yo, sino el universo que se avergüenza de haber creado tanto dislate y con esta letra me inspira escribir…. vade retro… Que ni a Pepe, Mayte, Amílcar  o a José nos gusta y el cosmos sin voz nos susurra, otros versos. Tú también eres Pepe, José, Amílcar o Mayte. Siente desasosiego si te gustan colores que no has encontrado aún en tu paleta, invéntalos, el hombre te espera, la esperanza también.


Que seáis felices hermanos, hasta la próxima entrada.

La nota de humor:





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