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martes, 18 de febrero de 2014

En blanco y negro también la vida es bella

Desde el pueblo al pantano, desde la pontanilla a Baeza, he recorrido olivares, desde que soy capaz de establecer recuerdos. Hasta que el empeño de mi madre, cuando apenas tenía once  años, me sacó del trabajo de la aceituna y el campo para lo que era evidente, no mostraba mucho interés. Por entonces, los niños madurábamos temprano; con nueve o diez años ayudábamos en el campo, en la huerta, en la venta de las verduras por las calles. 
Mi primo, mi hermana y yo con 7 u 8 años
Creo que es el momento de contar las arrugas del tiempo que el espejo refleja cada mañana en mi rostro. Marcados surcos hacen de mi, un gesto adusto. Parpados y mofletes caídos, ojos que empequeñecen por días, amplias entradas de una galopante calvicie. Canas no, a las canas las vence un tinte. Por mi cabeza, un pensamiento, el de cada día, desde que ella no está. Mi madre, no estará muerta mientras siga viviendo en mí. Así que mis primeras palabras de cada día es hablar con ella. Mi padre, bueno mi padre no es tan importante en mi sentimiento. Fue un héroe, un sobreviviente pero seguramente, apenas me conoció supo que su único varón no estaría a su lado ni trabajando la tierra, ni en sus confidencias. Yo era distinto, "este niño no es igual que los demás, ni busca nidos, ni aprende nada de la huerta" Estaba en lo cierto, no era de la tierra sino del  amor por la escuela. Aprenderme la lección y el catecismo, mi máxima atención. Mi madre quien me repasaba la lección. 
Mi crianza está escrita en blanco y negro. En la década de los cincuenta, del siglo pasado...Nacimos los herederos de una larga guerra, los hijos de una paz impuesta. Solo recuerdo que unos pocos, muy importantes,  mandaban sobre los demás. El maestro y el cura, la iglesia y la escuela eran las fuentes del saber. También del adoctrinamiento. No había conocido la guerra, la gente no hablaba de esas cosas y si lo hacian, notabas que era muy a escondidas, temerosas de que ocurriera algo. Esos temores los he comprendido de mayor. Para mí, aquella era la vida y ésta, el único mundo que conocía. No tuve reparos de aprenderme bien el catecismo, los himnos de los vencedores y gritar que España era Una Grande y Libre. En cuanto el cura me dejó, también fui monaguillo, dura prueba para un niño aprenderse la misa en latín. Pero fuera de la escuela y de la iglesia, este largo invierno era mucho más frío. Pasaron los años y mi camisa se fue tiñiendo de rojo como la sangre  derramada de unos y otros en un frente entre hermanos. Entendí entonces los susurros del silencio y del miedo. Ahora, perdida la esperanza de la utopía, mi camisa se ha desteñido y no busco colorearla de nuevo. Más bien nuevos caminos de esperanza. 

los maestros, el cura y los que haciamos la comunión (1960)

Los juegos de los niños varones, a falta de juguetes, solian ser además de la pelota de trapo como balón de futbol, guerrillas entre dos bandos en las eras, tirandonos piedras unos a otros hasta que una pandilla ganaba o nos aburriamos. Pistolas hechas manualmente con tablillas y los famosos tirachinas...saciaban nuestras fantasias y ansias de ganar a los otros. Nuestros héroes : El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcazas y Pedrín, El Jabato, El Capitán Trueno....Recordaban constantemente la oscuridad de tiempos atrás pero recientes.
El pan y aceite, la leche en polvo  y el queso de bola de los americanos, algún día chocolate...Nuestras meriendas. Las neveras de hielo en barras, era un lujo en casa de algún señorito. En las casas de los demás, el agua potable era transportada desde la fuente en cántaros, el aseo personal consistía en lavarse la cara y las manos por la mañana y el baño en un barreño los domingos. Los animales de granja, los animales de labranza ( mulos, burros) alguna cabra y un cerdo en donde se podía, vivian en comunidad con sus dueños, con tanta atención como los propios de la familia, en establos anexados a las casas de adobe y piedra.

Os tengo que seguir contando. Nunca había escrito sobre mi infancia, sentía pudor de contar todas estas cosas, que podrían resultar un tostón, como las batallitas del abuelo cebolleta. Ahora mientras escribo, se me viene a la mente, todo lo que había entonces y ahora no veo a mi alrededor. Dejadme unas semanas, veréis cuántas cosas han dejado de ser. Las hecho de menos. ¿ Quién tendría el mérito de reponernos, todo lo que se ha ido por nuestra dejadez ? Continuaré...

Acabo de comenzar un libro que me han recomendado y al hilo de las arrugas y del tiempo, leo unas frases que transcribo: "El cuerpo ya no es certeza, sino duda, sospecha. Confías en que llegue mañana aunque sabes que no será mejor." Para los que os gusta leer, el libro es de Rafael Chirbes y el nombre "En la orilla".

Perdonad si me he extendido, he aprendido que en este medio, todo es volátil, rápido como el viento y que no hay tiempo para leer, que es más fácil poner un +1 y quedar bien. En este caso, a fuer de ser sincero, me agrada ser leído pero no tanto como reencontrarme con mi propia vida. Gracias amigos, sed felices y hasta la próxima. Creo que la crónica de la actualidad hoy,  merecía la pena ser soslayada.

La nota de humor:



Repito, solo la inocencia de un niño es capaz de poseer la felicidad. A ellos y a los que somos padres, para que nunca un niño deje de pensar que la vida es bella, os dejo este enlace de youtube con un trailer de la deliciosa película del mismo nombre.

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