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lunes, 14 de abril de 2014

Abril para vivir (Dedicado a Carlos Cano)


Semana santa
Los rayos de sol perduran, perfumándose al atardecer de fragancias, que nacieron por abril. Dicen que por primavera nos sentimos más sentimentales, por aquello de que la sangre altera. Abril ha llegado este año, suavemente veraniego, deliciosamente floreado, con una felicitación en la mano, invitándonos a salir. Los mozos se arrullan abrazados y las golondrinas, las que con el amor se fueron, vuelven para encontrar un nuevo amor. Parafraseando la copla de Carlos Cano, abril de luna, abril para vivir, letrilla y música que se cuela a través la ventana de mi habitación, me inspira a comenzar así, esta entrada. 
Es semana santa, las procesiones en España, sobre todo en Andalucía, marcan la semana central de abril. Para los creyentes, su fe les invita a levantar tronos y marcar paso. Barrocos tronos, doseles brocados en oro, coronas de oro y brillantes, luce la virgen más hermosa, más guapa de su cofradía. Ninguna como la Macarena, ninguno como El Abuelo. Estandartes y soldados con sombreros emplumados, bandas de música en su recorrido. En la “madrugá”, una saeta irrumpe de la garganta de un afamado coplista y canta, canta en el silencio de la noche, para ganar pedazos de corazón de quién la escucha. Para los no creyentes, muchos son espectadores de un gratuito desfile lleno de vida y color; muchos prefieren las tranquilas arenas de la playa. La fiesta que no divide, que no molesta, cada uno por una razón, cada uno por una creencia. Creencias sin debate mientras la procesión desfila...

Luego es el amor y ese cuerpo azorado por sus venas, lo que nos lleva al imperioso mandamiento de no extinguirnos, ahora que has redescubierto esos ojazos negros, de la niña de tus sueños o esos cabellos rubios del mozo que te embriaga y oprime el corazón. La droga del amor.

¿Crees en Dios?
Cuando me preguntan si creo en Dios, digo que soy creyente, que tengo un sentimiento religioso de la vida y creo que digo bien, para una respuesta. No vale contestar si o no, sin aclarar antes, sobre que Dios me pregunta, si los muchos del hinduismo, si Alá, si Yahvé, si otros dioses menores de los muchos que existen en el planeta. Creo en el Dios que nos hace mejores, así que creo en el amor fraterno, en la solidaridad, en la justicia, en la humildad, en la sencillez y en la bondad. Por eso tengo sentimiento religioso porque sueño con ser mejor. A cambio, no quiero más que mi muerte sea, volver a ser polvo o energía en el cosmos, de donde salí. No creo en la resurrección ni en el paraíso. Lo que haya de ser, pronto y en vida. No sé si necesitaría de un dios para creer en lo que creo, si no lo tuviera, seguiría teniendo una creencia. Nadie escapa a ser creyente, el problema es semántico, cuando se nos pregunta, parece que se nos quiere decir, si eres de los míos o de los otros y de nuevo a la greña por la religión. ¿Tan difícil resulta para el ser humano, vivir de manera independiente de cualquier creencia o religión, obrando en paz, amor, solidaridad, fraternidad, concordia, justicia, humildad, sencillez y bondad, desde ese sentimiento íntimo como persona? Me niego a comulgar con ruedas de molino, en aras de nada, ni de nadie. Mi creencia no es más importante que la tuya, pero es la mía. Mi respeto a tu persona. Mi admiración por tu esfuerzo hacia los demás. Algún día, en algún sitio, seremos hermanos cantando un mismo himno de paz, amor y libertad.


Vivir abril
Mañanitas de abril dulces de dormir. Que bonitos los campos verdes, las primeras rosas del jardín, las primeras fragancias de tomillo y jazmín; Olor a romero, lavanda o espliego. Mientras las mariposas de mil colores adornan las flores y los ruiseñores trinan, arrullando las palomas en un canto de amor. Abril, siempre primavera, donde la lluvia se vuelve mil y el sol perdura hasta dejarnos una noche de luna para amar, soñar o tal vez recordar. Así con este ánimo ha despertado la primavera en mí, después de sortear achaques recidivantes, recupero las ganas de vivir.

Vivir la copla
Metido en la sombra de mi pensamiento, en una noche de abril de luna, en los silencios de la nada, repiquetean castañuelas, marcando a la guitarra, al son de una voz aflamencada. Sueño caminos de sentimiento, añoro lágrima en flor, pasión de una primavera que ya pasó. Taconea la morena, su larga cola en vestido de lunares rojos y fondo blanco, alza al aire y volantea, calmando el mayor de tus pesares. Duende de la copla, banda sonora de mi infancia, mil veces escuchada, mil veces sentida Vuelve a susúrrame, que es noche de abril de luna, nacida para vivir, nacida para cantar, hasta que la garganta resista y el aire nos falte. Sentir, soñar hasta encontrar un nuevo amor. En mi alma de andaluz está grabada, la copla, sus letras y ritmos, sus voces, su tronío. Sentimiento, penas y alegrías, amor de primavera, días para vivir, noches para soñar un nuevo amor. (Dedicado a uno de los grandes de la copla, Carlos Cano. Viviste para que la copla nunca muriera.)


Hasta la semana que viene, hermanos.Que seaís felices.

La nota de humor:


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