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domingo, 14 de septiembre de 2014

Remontando el río de la vida.

Cuando leas estas palabras, "La mano que escribe sin tiempo",  remontará en un barco el río de la vida. Es mi tardía búsqueda del padre y la madre y tal vez de sus antepasados. Volaré con alas rugientes, dejando estelas de humo blanco, marcando como migas de pan el camino para no perderme al volver. Busco la historia de ayer, la que por azar me trajo a la vida. El río de la historia que hizo al mundo bello e imperfecto, feo y necesario para seguir soñando. Cuando me falten las fuerzas para seguir volando, estará el barco esperando para orillar el río que remontándolo, llegará al útero de la madre de la civilización. He de surcar mares, tal vez embravecidos, tormentas que me inquietarán, cuando el barco quiebre olas y me mezan entre ráfagas de viento y mar salada. Cuando calmen las aguas, seguiré pensando en Alfa y Omega, en la cuna de una cultura que pasados siglos seguiría estudiando en ella. Descendiente suyo, buscando su rastro y las letras que quedaron entre un montón de piedras en el monte del olimpo, en el foro de la civilización organizada. Tocar sus palabras que aún perduran en el aire, escuchar su eco. Escala y posada me ha de dar Venecia. Si perdido me encuentro en esta remontada, preguntaré a Marco Polo para que me enseñe el camino fácil hacia Oriente. Las mejores corrientes me devolverán a la mar para seguir remando en alta mar, hasta llegar a la Cecropia, en la Acrópolis. Me detendré para preguntarle a Atenea, que pasó con todo aquello y si la democracia era realmente como ahora. Lupa en mano miraré cada rincón del Partenón, seguro de encontrar respuestas de  ayer, para hoy y siempre.


Satisfecho de cuántas respuestas obtenga, la nave en la que arribo río arriba, contemplaré sus islas, reductos de hijos de la paz y de la guerra, reductos palaciegos de numerosos dioses. Creo que estos años que han pasado han sido muy rápidos y olvidadizos. Ahora compartiendo mar y tierra con Atenea, Dionisio, Pericles pediremos a Pitágoras, Sócrates, Platón y Aristóteles que soplen al viento sus métodos, sus pensamientos y los mande a Occidente, que el mundo devora información a la misma velocidad que olvida conocimiento. Si de ellos mamamos, cómo confesarnos tan inmaduros, en este mundo inseguro.
Y así lo harán. Por fin sabremos de dónde venimos. Será bueno para el mundo.
Presto el tiempo para volver, y contar cuanto estoy viviendo,  rio arriba el barco navega sin cesar en mar serena camino de la leída Constantinopla, cuando la silueta del otoño que hoy ya vislumbro haya llegado, con toda la nostalgia del ayer, a Bizancio ahora Estambul.
Constantinopla, Bizancio, Estambul...¡Cuánto os he leído! La de historias en tus tierras y aguas, que se hermanan con Asia, mirando desde el estrecho del Bósforo. Griegos, romanos, bizantinos y otomanos hasta llegar a ser república laica turca, siendo la mayoría musulmana, regasteis de mil y una historias la literatura, sembrado de vidas caídas, en tu conquista. 




Unos y otros nos contarán sus obras, reverenciaremos sus mezquitas y volveremos a repasar la historia de otro origen de nuestras vidas. 
El cristianismo que se expandió de Belén hasta los confines de la tierra, que diría Francisco. Ese cristianismo que tanto ha tenido que ver en nuestras vidas. ¿Sería ser cristiano, igual que ahora? ¿Qué recuerdos me trae Éfeso y la Capadocia? 
Necesito certezas y respuestas a las preguntas que llevo escritas. Este mundo incierto del que parto para remontar el rio de la vida, me ha de devolver a él con preguntas resueltas, tal vez por mí mismo. Sé que no habrá revelaciones ni ángel que se me aparezca, pero si me dará la oportunidad de escuchar el eco del pasado que me trajo hasta la vida.

Hasta la vuelta amigos, que seáis felices hermanos.

La nota de humor:

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