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domingo, 28 de septiembre de 2014

Caminos


Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Cada amanecer durante muchos años en mi niñez, todos los caminos que tomaba por los campos de Baeza, me llevaban al mismo sitio, olivos y tierras de labranza donde poder ayudar en la casa. La novedad de cada día, era encaramarme a la parte más alta, a la hora en que a lo lejos, pasaba el tren. Mi vista se perdía siguiendo el rastro de humo blanco que dejaba a su paso, una locomotora negra seguida de unos cuantos vagones, cadenciosa, sin prisas, sin pausas, dejando un silbido cada dos por tres. Por unos cuantos minutos, mi imaginación se aupaba en el vagón de cola y mi vida imaginada, tomaba cada día diferentes caminos. No conocía muchos caminos así que solo viajaba, hacia donde había oído hablar que existían otros mundos, a donde iban mis paisanos, maletas de madera en mano, en busca de fortuna: Madrid y Barcelona a ritmo de tren de tercera. Desde entonces soñé con montar en tren, descubrir destinos, recorrer caminos, buscar no sabía muy bien qué, en uno u otro destino. La vida, me di cuenta después, era como una gran estación de partida con diferentes vías en la que sabías el origen pero no el destino. En la gran estación, observaba sollozos y hasta llantos de despedida. También abrazos y alegría de bienvenida del ser esperado y querido.


Muchos años después, me doy cuenta que solo recuerdo caminos, por los que el tren del tiempo me ha ido llevando. Caminos, pueblos, gente, algunos amigos y un vasto aprendizaje de ellos, hasta llegar a este recién estrenado otoño, en una tarde gris de calles mojadas. 
Olvidados los caminos de raíles torcidos, me quedo con el recuerdo de horizontes abiertos, vivo entre el sol que nace y el que se pone, caminando en tierra abierta, nadando o mecido en el mar inmenso de un planeta llamado Tierra. Me siento feliz de haber avistado tierra y aprendido a ser viajero de un mundo de grandezas y lamentos. Días azules y días grises, luna llena y luna nueva, un nuevo amanecer y siempre un ocaso. 
Del último trayecto, por el mar Adriático, Jónico y Egeo, he recordado la historia más próxima y la que me han contado, no exenta de huecas anécdotas, recubiertas de estúpidas glorias pasadas. Por todos los sitios visitados olía a pólvora quemada, restos de saqueos del poder y maravillas de sus antepasados del arte. Nada era absolutamente falso, ni absolutamente cierto. Se percibe, cómo la gloria vive al lado del infierno. Cómo a lo ostentoso, se le sucede la periferia. Detrás del poderoso, la legión de pobreza. 
Los avezados del turismo, no dudan en mostrar siempre el glamour de su ciudad obviando las vergüenzas que por tu olfato se cuelan. Un mundo contradictorio e inseguro. Controles a más no poder a cada paso que dabas, en puertos y aeropuertos. Un mundo muy global, dónde la vida es cada vez más parecida en un sitio o en otro. Global y dual. Global, dual y dividido. El mundo musulmán en una Turquía laica, es cada vez más musulmán y menos laico, desgraciadamente. El odio en los países balcánicos, parece pasado pero solo es una apariencia.


Percepciones e impresiones de un viajero y observador  del mundo. Pinceladas para una historia difícil de contar. Caminos que desde niño te fueron enseñando a interpretar esta vida desigual, desde tus primeras alpargatas hasta la incomodidad de la vanidad humana en un crucero, dónde para unos cuantos, trabajan día y noche, varios cientos de humildes servidores mal pagados. Experiencia que es mejor soslayar, aunque por querer ser, uno querría ser dios, porque yo soy parte de ese mundo contradictorio del que escribo y que al darme cuenta, siento vergüenza al escribirlo.
Ciertamente el mundo tiene cosas muy bellas y personas que lo han hecho mucho más. Después de tanto caminar, ninguna diosa, ni dios me han revelado secreto alguno para consuelo del otro mundo, el de los desheredados, el de los ciudadanos de a pie. Atenea se quedó petrificada en la Acrópolis. Las miradas de los atenienses eran tan sombrías y tristes, que me pregunté si evolucionábamos o regresábamos hacia otros modelos sociales capaces de hacernos enmudecer. Sentencio, que mientras haya vida en el horizonte, el ocaso del sol solo será el preludio de un nuevo amanecer.

Que seáis felices hermanos, hasta la próxima entrada.

La nota de humor:

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