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miércoles, 22 de octubre de 2014

Todo lo que ocurre es por algo


Y pasó, que llegué a mayor, un joven mayor, un niño en un mayor, una vida prensada en pocos años, muchos años en muy poca vida. Todo lo que ocurre es por algo; yo solo sé que he llegado. Por deseado se me urdió con los más frescos mimbres, buscados y trenzados en noches de canícula amorosa, el deseo de un varón. En una cómoda pobreza, aquella casa empedrada y de paredes recias de barro y paja, sería testigo del fruto que por primavera nació. El olor a polvo de talco y las colonias de nenuco, impregnaron para siempre mi olfato de vida recién nacida. Pero no sé cuándo. Al escribir mayor, quería decir viejo, si me lee un nacido, una década después que yo.
Y ahora que llegué a mayor, solo necesito de esta ventana para pintaros lo que no sé explicar, un lugar, palabras con color, sonidos que languidecen, personajes que ya no están. Una época más medieval que moderna, Asomarme a esta ventana significa tal vez, buscar mi identidad que no tuve tiempo de conocer, la muerte o quién sabe si reescribir mi vida.



De escasas mimbres, nació la luz de la cultura en un pueblo rodeado de huertas y olivares. Mucho hubo que trabajar el maestro en la escuela para saber que alsina no era un autobús sino el nombre de la empresa, que "cucha" era escucha o mira y que haiga era haya. Baldío trabajo del maestro, cuando con dolor aún sigo escuchándolas, sesenta años después. La cultura era cosa del cura, el maestro y el médico. El escribano del Ayuntamiento, nos parecía que sabía de letras también. Unos años después comprobaría que solo era apariencia. La literatura era oral, transmitida de abuelos a nietos y otra más popular en forma de cancioneros de sucesos espeluznantes, cantada entre esquina y esquina de la calle. Cultura sí que había, pero no en la que estás pensando. Los animales domésticos vivían como uno más en la casa, los perros o los gatos, sí pero si eran los tuyos. Las haciendas diarias de hombres y mujeres esas sí que eran orfebrería. Los hombres en sus huertas y olivares no eran productivos, como ahora se diría, eran artesanos. Las mujeres eran finas orífices de cuánto aprendían. Códigos que por costumbre y sin palabras, entendías, bastaba escuchar el ritmo con que sonaban las campanas.
Entre la edad media y mitad de siglo pasado, hay menos cambio que desde entonces hasta el día de hoy.
Pude asimilar tanto cambio en tan poco. De esos repentes, este sarpullido de nostalgia que me asalta, recordando quién era y quién soy ahora, si soy más feliz hoy o antes.
¡Ay del amor entonces! Amor claro que sí, pero de qué manera. A poco de ser púber, incluso antes, en mi caso, sentí las mariposas revolotear dentro de mí y por estar con un ángel, viví sin vivir en mí por ella, cariño nacido, una noche de verano, en la "academia" dónde los niños imitábamos a los mayores que al lado, detrás de una valla, cómo se acercaban se tomaban y bailaban. Así, apretadas nuestras manos, fuerte muy fuerte, apretadas muy apretadas, nos dimos el primer beso en nuestras mejillas. Contada esta anécdota, a partir de la pubertad, hombres y mujeres seríamos casaderos y candidatos a la conveniencia de ser el mejor partido. La inocencia si nos quedaba hasta entonces, estaba a merced de la perversión que ya imaginábamos.


Y sin embargo, no todo lo que ha venido después ha sido más bonito, ni todo lo pasado fue peor. Ahora comprenderás mi insistencia en recuerdos que son tan distintos a los tuyos. Cómo no buscar mi identidad, buscando en el pasado para encontrarme con él y enamorarme del futuro. 
En esta ventana  leo, poetizar en el amor y desamor, narrar cosas imaginadas, escribir con palabras aún no registradas en mi interior, las admiro y me embelesan unas; otras me emocionan. No todo, intuyo, que es bueno pero siempre mejor que "lucía en el cielo una estrella que se llamaba Lucía", ripio que emorado yo, ensayaba para escribir algo bonito a mi amada. Esta ventana que te decía, es una galaxia en expansión que me catapulta al futuro, que es el tuyo y el mío, mientras siga viviendo en esta casa de letras, que se hizo porque las cosas ocurren por algo. Y lo que no ocurre también.
Hasta la próxima entrada. Que seáis felices hermanos.

La nota de humor:




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