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lunes, 12 de mayo de 2014

Próxima estación...

Estas palabras teñidas siempre de vida, se escriben hoy sentado en un banco de una estación vacía. Por todo equipaje, el diario de mi soledad que lego como recuerdo. Esperando el último tren, el alma llora, en cualquier estación vacía, porque está perdida, sin que nadie le diga adiós. Pronto, el silencio de la nada, me separó de la vida sin tiempo al miedo, sin noción de tiempo. El tren que había de pasar por mi puerta, pasó de largo y una nueva estación del alba, me devolvió a mis ojos, el reloj y la campana. Tren con destino a la vida, va a efectuar su entrada, por vía primera. Enhorabuena, Ildefonso, me espetó el cirujano, no tienes cáncer. Apenas sin tiempo, ligero de equipaje, el tren en marcha, puse mi pie en el estribo, acomodado junto a la ventana. Vuelvo a perseguir distancias, perforando en el tiempo, agujeros de luz y paisajes, en el tren que de la ciudad yerta y fría, se aleja. (Mi experiencia, del paso por quirófano esta semana pasada)



Sobre caminos y railes en traviesas, por la ventana el campo vestido de paisajes, avanza una vieja locomotora, cansada de echar humo, formando estelas confundidas entre nubes bajas, surca valles, cruza ríos, perfora montañas, volviendo a la luz, desfilando a alguna parte. Atrás quedó la estación de los otros, llegando está, la estación de los sueños, del nuevo otoño esparciendo sementera, entre surcos y ritmos de locomotora, cuyos émbolos empujan más cadenciosos que nunca, lubricados de serena pasión.
He vuelto muy atrás en el tiempo, volviendo siempre al pasado de lo que te resultaba poético, ahora caigo, que ya no hay locomotoras, ni rastro de humo por el que embelesarte siguiendo su estela. Me despierta una voz grabada y algo metálica, precedida de unos acordes desajustados para anunciar, una próxima estación y yo sin saber si es, donde debo bajar. Decido al parar el tren, que no voy a bajar. Que los sueños pueden esperar. Me acomodo y me vuelvo a apoyar sobre la ancha ventana y no dejar de mirar. La gente recorre los pasillos, nerviosos unos, impávidos otros, jóvenes que apuran subir del andén, mayores ansiosos tratando de colocar su maleta. Segundos después, el tren pone ritmo y rumbo a otra estación. El trasiego, no parará, unos bajan, otros siguen. Me espabilo un poco y pienso, la de historias que tiene un tren; la mejor, la que se cuenta, en él.



Imagino historias contadas y otras que voy en la mente recreando, unas confesables y otras del mundo del deseo...Mi cabeza se recrea en la magia del tren, por horas.....sin reparar ya en paradas, ni estaciones, en un frenesí de fantasía, de recuerdos y de imaginación perturbadora. Cierro los ojos intentando resolver el asesinato en el Orient Express, El puente sobre el río Kwai, La vuelta al mundo en 80 días, los trenes del holocausto...La lista de Schindler y El tren de la vida. Recuerdo también Extraños en un tren. El tren sedujo al cine, el cine se enamoró del tren, mientras yo sigo enamorado en el tren, desentendido de la próxima estación. Recordando las mías, o preguntándome en cuál de ellas me bajaría. Un tren siempre es una historia que contar y una estación un buen lugar donde dejarlo pasar, cuando ninguna parte, tiene por destino. No nos sentencia el tren que pasa de largo, ni el que lo dejamos pasar, sino el que no aciertas a tomar, cada vez que te anclas y vuelves la vista atrás.

Quería escribir de la experiencia vivida, del quiebro al cáncer y utilicé la estación de tren como metáfora para terminar escribiendo sobre cine del que me gusta, desde un tren. A veces me pasa, que sé cómo empezar, nunca como voy a terminar. Subido en un tren camino de la vida. Tal vez, enamorado de ella, tal vez obsesionado con el tren, mejor por poder elegir, la estación más florida, donde por una rosa marchita, brotan diez entre hojas y espinas.

Hoy no me importa morir arrollado por un tren cargado de felicidad en una estación tranquila, despierta mi libido imaginando, la danza furtiva de una mujer que está...como adivinas.

Que seáis felices hermanos, hasta la próxima semana.

La nota de humor de trenes:

La estación de los amores ( Franco Batiato) 




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