Social Icons

lunes, 16 de junio de 2014

Confesiones de un matrimonio


Cuando salga la luna, esperándome a la orillita del río, llegaré como el viento, buscando tus ojos negros, adivinando tus húmedos labios. Te diré ¡chiquilla con el vestido nuevo! Prestas mis manos en tus tersas mejillas, sonándote mi primer beso. Perdidos entre besos silenciosos, entre el rumor de las aguas que bañan al viejo olmo....nos miramos, hasta sentir la calidez, de una eterna madrugada. Luego contamos estrellas, cada estrella un día, los que nos faltaban para ser nuestros, sin darnos cuenta que ya lo éramos. 
Esa mirada de chiquilla, girada al maestro en el aula, encontrándose en la mía, palabras mudas y signos de amor. Esa niña que me mira, esa niña puede ser. El tiempo entre lunas pasaba, mientras la niña se hacía mujer. Al alba después de muchas lunas y verte, mis ojos clavados en ti, supieron que ese cuerpo de mujer, era la chiquilla del ayer. "Esa niña que me mira, esa mujer que soñé" Al momento siento que ha llegado la hora de que sean mis ojos los que te miren. Eres tú, mi recuerdo, el sueño de la niña del ayer, convertida en la ninfa de mi tiempo. Contando estrellas de dos en dos, de seis en seis, cada seis, un día, para ser y para siempre nuestros. 


Han pasado más de 40 años de estas escenas contadas, de ese romanticismo sentido, de esas citas imborrables. La belleza siempre queda, es lo feo lo que se olvida. Es verdad que todo cambia, me horrorizaría que nada cambiara o que este tránsito no fuera efímero. Mientras tanto, nos complace haber caminado juntos y seguir viendo camino.

Desde los 16 años hasta los 60, tiempo hemos tenido tiempo para poder contar un poco de todo. Lo que más me llama la atención de tanto tiempo, es habernos conocido en casi todas las situaciones imaginables para las personas que viven en pareja: valientes, cobardes, alegres, tristes, enfadados, amorosos, desconcertados, inseguros, satisfechos, astutos, desagradables, pueriles, malvados, desamparados...en definitiva como cualquier ser humano cuando se muestra en su completa y compleja realidad. En lo material igual, con dinero y sin dinero, con mejor o peor salud, días de quebrantos y días de celebración...Una vida absolutamente "normal"....Tratando siempre ella como yo de imponer una sola razón entre los dos, hasta que el hartazgo de imponernos al otro, sin conseguirlo, nos aceptamos como somos, a veces a regañadientes. En realidad sucede que ambos hemos cambiado, tal vez por propio egoísmo: Las peleas fatigan demasiado.
Ser los dos muy celosos de nuestra independencia, nos ha ayudado a delimitar nuestros espacios propios como ventaja y eludir relaciones sociales de muchas estrecheces.
El erotismo no se pierde, se transforma, la sexualidad es diferente sin dejar de ser un instinto esencial mientras vivamos, símbolo de nuestra unión sentimental.


Ser padres, es después de querernos, lo más importante, sucedido en nuestras vidas. Lamento no ser muy original, acepto que soy un recalcitrante conservador con el tema hijos. No es lo mismo ser hijo que padre aunque ambas cosas se den en uno mismo. El hijo es una fuente inagotable de esfuerzo, satisfacción y entrega para los padres, desde que nacen. También es cierto, que son muchas veces la diana dónde los padres se proyectan, queriendo prolongar sus vidas en las suyas. No me detendré más, sé que este tema es fuente de debate permanente. En nuestro caso hemos criado tres varones en los que gastar nuestras energías cada día que amanece. 


Hemos visto la evolución de la pareja a lo largo de estos años. Los matrimonios para toda la vida no es una premisa, a la vista está. Ni es deseable que lo sea, cuando no se dan las mínimas condiciones de afecto y de convivencia entre dos. A nosotros nos ha ido bien, pero lo que nos ocurre a nosotros, no es extrapolable a nada. Pero como tendemos a ser utópicos, me gustaría algún día leer que el amor es posible durante toda la vida, porque cuando uno se enamora siempre piensa que lo será.

He leído una frase por internet que resume un poco, como vemos nosotros el matrimonio: “Un matrimonio excepcional no se da cuando se casa una “pareja perfecta”. Se da cuando una pareja imperfecta aprende a disfrutar sus diferencias.” (Dave Muerer) Yo puntualizaría a la frase de este señor, con un cambio en el verbo aprender. Nunca se aprende del todo, se intenta aprender a disfrutar sus diferencias. Y si así tampoco funciona, lo único cierto es que nadie está obligado a vivir en pareja. Así que si ha parecido este post, un panegírico del matrimonio, quítenselo de la cabeza, que solo pretendía contar confesiones, confesables de uno de tantos matrimonios.

Hasta la próxima semana amigos, sed felices.

La nota de humor: Cantinflas, siempre Cantinflas. Como si ayer, fuera hoy:






Publicar un comentario
 

Sample text

Sample Text

Sample Text