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martes, 10 de junio de 2014

Triunfar o morir


Tufaradas ciertas me inquietan caminando por senderos desconocidos. Tierras marcadas, senderos sabidos por algo o alguien que no veo, sin embargo siento. De aquellas primeras fragancias no nacidas, quiero adivinar, además del olor, el tacto cálido de mi piel acariciándose en mi protectora morada. Lo primero fue un llanto, consolado, al volver a rozar su piel y la mía. El obligado nacimiento sin alguna solicitud de por medio, rompió en llanto discontinuo, calmado por suave miel succionada entre mis labios. Una visión algodonada, unos diminutos dedos se batían por su tez, sus pechos, intuyendo que eran las mismas fragancias de nuestra íntima morada. Luz, teta, otros olores, movimiento, risas. Llantos. Quiero adivinar que no pensaba, percibía mis sentidos actuando, grabándose en película sensible. La película del recuerdo olvidado que ahora pretendo adivinar. Al poco conocí el miedo, cada vez que ella no me tenía en su regazo. Miedos, inquietudes, temores...seguridad, risa, sueños. Muchos años después miro y contemplo que al igual que al día le sucede la noche, al miedo le sigue la calma, a la risa, las lágrimas, al esfuerzo el sueño...Del caos viene el orden, equilibrio que volverá al desorden y así sin día que descansar. 

La crianza como la de todos, sin manual de referencia, por ensayo y error o como se podía por las circunstancias. En la España nacional-católica, los modos no eran muy refinados, ni cultos en la educación. Predominaba la descalificación con acento en la negación. El castigo más que el premio, el reproche al estímulo. El mimetismo a la creatividad. Ahora todo es muy diferente y muy pendular a la vez, se ha cambiado mucho y a bien, con una buena dosis de exageración. Sin embargo, ahora no somos más sencillos y sí más barrocos. A la persona sencilla se le toma por simple.

Antes como después, ayer como ahora, ocurre que los humanos nacemos con la marca que nos da la seguridad del seno materno pero también el miedo del primer llanto una vez abandonado áquel. Convencido estoy que el recorrido por los senderos y caminos de la vida comienza en este momento. Si somos bienvenidos, más seguridad, si no...La vida es un acecho continuo de dualidades y retos, transitando y dejando en ella, cicatrices o cuando menos rasguños de dolor, unas y otros por el lado, donde late el corazón. 
Esa emoción profunda de vivir sorteando penas, ansiando gloria, haciéndose digno de ser reconocido, sólo es una parte de la vida. De la dualidad nacida en el camino,  también encuentras senderos estrechos y baches lacerados. Caído en el suelo, tantas veces perdido en el dolor, del dolor tanático. Configurados para vivir entre dos signos, que cortan y encienden la energía de un "humano sistema programado", el triunfo y el fracaso, dónde uno excluye al otro, nos lanza a una competición, en línea de salida de una carrera equivocada. Desgraciadamente en este mundo feroz, un sistema deshumanizado, ha puesto en boga esta horrible consigna, que suena a guerra y muerte. 

Maruja Torres en el dominical del País del domingo escribe, sobre la tiranía del éxito y del fracaso. En línea con lo que escribe, nuestros ríos no es más que el agua que corre, a veces cristalina, a veces turbia, hasta llegar a la mar. No nací para competir, pero nado mejor que una sardina, no dejarme pescar que a buen seguro, frita o asada habría de morir. 
Nuestros fracasos son la esperanza de otro día con éxito. Nuestros éxitos, seguir siempre, caminando hacia adelante. Mis éxitos y mis fracasos, la comprobación de que camino y tropiezo. Cabalgo, luego existo.. Cuídeme el universo de aquellos que me empujan al engreimiento, de todos cuantos me dan la razón en mi disparate. Cuídeme el firmamento de la burla y del aplauso cuando del árbol caiga, si quiero subir más alto por contemplar más cerca, un estrellado cielo de esperanza. 

Hasta la próxima semana hermanos. Sed felices.
La nota de humor:

Un video que no te puedes perder, la superación del ser humano en forma de arte:



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